
El que presentare a continuación, es un texto que hemos trabajado en el Taller de Practicas Discursivas en Español y que me gusto muchísimo.
Sinceramente, creo que hay muchas cosas que se pueden sacar en conclusión de este pequeño texto por lo que me pareció bárbaro poder compartirlo con ustedes.
Pienso que habla mucho de un tema común hoy en día: La soledad en la era de la comunicación.
A raíz de mi trabajo como docente, tengo la posibilidad de conocer mucha gente, de todas las edades y he notado como falta la comunicación.
Entre la abreviación en la escritura (que nace de la velocidad en los chats y los mensajes de texto), la falta de lectura, la degradación del lenguaje y la llegada de Internet y los celulares, se ha perdido la conversación.
Antes, para conocer a alguien, uno debía acercarse y hablar. Preguntar sobre los gustos y los intereses de ese otro que por alguna razón, a nosotros nos interesaba. Hoy en dia, conseguir el mail es lo mas facil, ahorramos un monton de tiempo y vergüenza, ya que las cosas no hace falta decirlas en la cara. Y por eso mismo hay muchas cosas que dejamos de decir.
Para mi es tan hermoso poder conversar con alguien, contar las historias de vida de cada uno, no hay nada como el poder mirar al otro a los ojos y entenderlo, saber que te dice la verdad. No hay nada mas bello que poder escuchar la voz del otro, ese sonido que viaja en el aire y que transmite, sin duda alguna, todo sentimiento que pueda ser transmitido.
Los ciegos, desarrollan el sentido de la audicion a falta de la vision, y por esto pueden ver mas alla de nosotros y escuchar mas alla.
Que importante seria detenernos a escuchar. Por algo tenemos 2 orejas y una sola boca, sera que escuchar es mejor que hablar sin saber lo que se dice. Y cuanta gente hay hoy en dia que habla sin pensar!.
En fin, los dejo con el cuento. Que lo disfruten!
Grisel
Residuos
Pienso que habla mucho de un tema común hoy en día: La soledad en la era de la comunicación.
A raíz de mi trabajo como docente, tengo la posibilidad de conocer mucha gente, de todas las edades y he notado como falta la comunicación.
Entre la abreviación en la escritura (que nace de la velocidad en los chats y los mensajes de texto), la falta de lectura, la degradación del lenguaje y la llegada de Internet y los celulares, se ha perdido la conversación.
Antes, para conocer a alguien, uno debía acercarse y hablar. Preguntar sobre los gustos y los intereses de ese otro que por alguna razón, a nosotros nos interesaba. Hoy en dia, conseguir el mail es lo mas facil, ahorramos un monton de tiempo y vergüenza, ya que las cosas no hace falta decirlas en la cara. Y por eso mismo hay muchas cosas que dejamos de decir.
Para mi es tan hermoso poder conversar con alguien, contar las historias de vida de cada uno, no hay nada como el poder mirar al otro a los ojos y entenderlo, saber que te dice la verdad. No hay nada mas bello que poder escuchar la voz del otro, ese sonido que viaja en el aire y que transmite, sin duda alguna, todo sentimiento que pueda ser transmitido.
Los ciegos, desarrollan el sentido de la audicion a falta de la vision, y por esto pueden ver mas alla de nosotros y escuchar mas alla.
Que importante seria detenernos a escuchar. Por algo tenemos 2 orejas y una sola boca, sera que escuchar es mejor que hablar sin saber lo que se dice. Y cuanta gente hay hoy en dia que habla sin pensar!.
En fin, los dejo con el cuento. Que lo disfruten!
Grisel
Residuos
Un hombre y una mujer se encuentran en el palier, cada uno con su bolsa de residuos. Es la primera vez que se hablan.
- Buen día.
- Buen día.
- Usted es del 610.
- Y usted es del 612.-
Sí.
- Todavía no lo conocía personalmente.
- Ajá.
- Disculpe mi indiscreción, pero he visto sus bolsas de residuos...
- ¿Mis qué?
- Sus residuos.
- Ah.
- Noté que nunca es mucho. Su familia debe ser chica...
- La verdad, soy yo solo.
- Hmmm. Vi también que usa mucha comida en lata.
- Es que tengo que hacerme la comida. Y como no sé cocinar...
- Entiendo.
- Usted también...
- Tratáme de vos.
- Vos también perdoná mi indiscreción, pero vi algunos restos de comida en tus bolsas. Champiñones, cosas por estilo…
- Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra....
- Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra....
- ¿Usted...vos no tenés familia?
- Tengo, pero no aquí.
- En Espíritu Santo.
- ¿Cómo sabés?
- Vi unos sobres en la basura. De Espíritu Santo.
- Si. Mamá escribe todas las semanas.
- ¿Ella es maestra?
- ¡Qué increíble!¿Cómo fue que adivinaste?
- Por la letra en el sobre. Me pareció letra de maestra.
- Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por sus residuos...
- Y...no.
- El otro día tenía un telegrama abollado.
- Sí.
- ¿Malas noticias?
- Mi padre. Murió.
- Lo siento mucho.
- Ya estaba muy viejito. Allá en el sur. Hace tiempo que no nos veíamos.
- ¿Fue por eso que volviste a fumar?
- ¿Cómo sabés?
- De un día para otro empezaron a aparecer en tu basura etiquetas de cigarrillos.
- Es cierto. Pero conseguí dejar otra vez.
- Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
- Ya sé. Pero he visto frasquitos de pastillas en tu basura.
- Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
- ¿Te peleaste con tu novio, no es cierto?
- ¿Eso también lo descubriste en la basura?
- Primero el ramo de flores con la tarjeta, arrojado afuera. Después muchos pañuelos de papel.
- Si, lloré bastante, pero ya pasó.
- Pero hoy todavía veo unos pañuelitos...
- Es que estoy un poco resfriada.
- Ah.
- Muchas veces veo revistas de palabras cruzadas en tus bolsas.
- Sí..., es que...me quedo mucho en casa. No salgo mucho, sabés.
- ¿Novia?
- No.
- Pero hace unos días había una foto de una mujer en tus bolsas. Y muy bonita.
- Estuve limpiando unos cajones. Cosas viejas.
- Pero no rompiste la foto. Eso significa que, en el fondo, querés que ella vuelva.
- ¡Vos ya estás analizando mis residuos!
- No puedo negar que me interesaron.
- Qué gracioso. Cuando examiné tus bolsas, pensé que me gustaría conocerte, creo que fue por la poesía.
- ¡No!¿Vos viste mis poemas?
- Los vi y me gustaron mucho.
- ¡Pero son malísimos!
-Sí realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Solamente estaban doblados.
-Sí realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Solamente estaban doblados.
- Si hubiera sabido que los ibas a leer...
- No me los quedé porque, a fin de cuentas, estaría robando. A ver, no sé; ¿lo que alguien tira a la basura, sigue siendo de su propiedad?
- Creo que no. La basura es de dominio público.
- Tenés razón. A través de la basura, lo particular se hace público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los otros. Es comunitario, es nuestra parte más social. ¿Será así?
- Bueno, ya estás profundizando demasiado en el tema de la basura. Creo que...
- Ayer en tus residuos...
- ¿Qué?
¿Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
¿Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
- Acertaste. Compré unos camarones grandes y los pelé.
- Me encantan los camarones.
- Los pelé pero todavía no los comí. Quizás podríamos...
- ¿Cenar juntos?
- Claro.
- No quiero darte trabajo.
- No es ningún trabajo.
- Se te va a ensuciar la cocina.
- No es nada. En seguida se limpia todo y se tiran los restos.
- ¿En tu bolsa o en la mía?
Luis Fernando Veríssimo es el autor de este cuento. Él nació el 26 de septiembre de 1936, en Puerto Alegre, Brasil. Es hijo del gran escritor Érico Veríssimo. Escribió numerosos cuentos, el que les presento originalmente se titula "Lixo", y está incluido en O Analista de Bagé y, posteriormente, antologado en O Novo Conto Brasileiro por Malcolm Silverman (Rio de Janeiro, Nova Fronteira, 1985). La traducción de Paula Vera.
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